En el umbral de un nuevo modelo de la seguridad del patrimonio cultural

Jesús Alcantarilla. Presidente de Protecturi. Asociación para la Protección del Patrimonio Histórico.

Los datos son inapelables. En el informe «Los museos del mundo frente a la COVID19» que la UNESCO publicó el pasado mayo, se muestran una serie de datos que radiografían la situación global del patrimonio cultural. De los 95.000 museos censados, el 90% cerraron sus puertas durante los momentos más críticos. El 10% de los museos no volverán a abrir.

patrimonio cultural

Los grandes museos de nuestro país han experimentado un descenso de más del 80% de visitantes presenciales. Llegando en ocasiones a rozar el 90%2. Esa misma situación se replica en los grandes museos internacionales. El Louvre, la Tate, los Museos Vaticanos o los Uffici han experimentado unos datos similares.

Sin embargo, no todos los datos son catastrofistas. El incremento de la actividad digital de los museos muestra una línea de desarrollo presente y futuro. No solo se han reforzado los recursos digitales preexistentes, sino que han aumentado la actividad y la visibilidad a través de las redes sociales, al tiempo que se han digitalizado actividades vinculadas a los programas de los museos, así como se han generado nuevas actividades multidisciplinares.

Sin duda alguna, la pandemia nos ha hecho madurar, reflexionar y sensibilizarnos profundamente sobre los tres ejes fundamentales en la protección del patrimonio cultural. Me refiero a su triada: prevención, protección y salvaguarda de las personas y sus bienes. Y a cómo tenemos que abordar los innegables retos que deja tras de sí la pandemia.

Desde la constitución de PROTECTURI hemos manifestado que la seguridad de una institución cultural es un ejemplo patente, y tantas veces imperceptible, de transversalidad organizativa. Nuestro objetivo siempre ha sido ejercer de mediadores entre los diferentes agentes involucrados en la protección del patrimonio para generar espacios de diálogo y colaboración permanente.

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Dadas las actuales circunstancias epidemiológicas, así como la importancia del impacto y desarrollo de las nuevas tecnologías, el binomio actitud y mentalidad se convierte en un factor determinante para desarrollar un modelo de seguridad del patrimonio cultural que atienda las necesidades de los nuevos escenarios. Si siempre hemos abogado que quien tiene la responsabilidad de la dirección de la seguridad de una institución cultural debe tener un conocimiento transversal en su organización, la actual situación lo hace inevitable. Solo así seremos reconocidos como agentes críticos para diseñar programas de protección adhoc a las necesidades reales, tanto en la dimensión física como digital de la institución.

Debemos incorporar enfoques pedagógicos en la conceptualización contemporánea de la seguridad en entornos culturales. De esta forma podremos lograr que el resto de los agentes implicados en la «conservación» del patrimonio cultural sean conscientes de que la seguridad no es una batería de medidas y recursos, sino un planteamiento estratégico de prevención transversal e integral.

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Imágenes: Uriel Soberanes-Unsplash