Sistemas de rociadores automáticos en el sector industrial

José de Antonio. Comité Sectorial de Fabricantes de Equipos de Extinción. Tecnifuego

Antes de entrar en la descripción de las opciones que nos ofrecen las diferentes Normas de Diseño para seleccionar y dimensionar la instalación de protección más adecuada a cada uno de los riesgos asociados a los diferentes procesos que incluye la actividad industrial, quisiera hacer una pequeña reflexión sobre un aspecto del problema, para el cual, estas normas no tienen solución.

sistemas rociadores

Me refiero a esa actitud mostrada en demasiadas ocasiones por los propietarios y/o responsables de las empresas que los lleva a pronunciar frases tales como: «Eso no me va a pasar a mí», «Esta empresa tiene 20 años y nunca ha pasado nada», «No importa que se queme, paga el seguro», «No importa que la instalación no esté correcta, la estoy haciendo, aunque no la necesito».

En otras ocasiones, esta postura se convierte en una obsesión por diseñar las instalaciones de forma que estén en los límites de superficie por sector de incendio, altura de edificio, etc., es decir, si el Reglamento requiere instalación automática para superficies de 1.000 m2, el sector tiene 950 m2, si la altura del edificio que requiere la instalación es de 45 m, el edificio se hace de 44 m., etc.

Un comentario muy común a la hora de solicitar un proyecto de protección contra incendios no es: «Queremos que nuestra propiedad esté protegida de forma adecuada», sino más bien «Queremos que la instalación cumpla con los Reglamentos», es decir, es más importante tener el «papel» que salva las responsabilidades, que disponer de la instalación adecuada a las necesidades del riesgo.

Cuando pensamos en el sector industrial podemos encontrar una enorme variedad de actividades que incluyen muy diferentes procesos, con un mayor o menor nivel de riesgo, que puede estar relacionado con el proceso en sí mismo, con los productos involucrados en él, o con ambos.

Esto da lugar a unas necesidades de protección muy diferentes, que quizás solo los sistemas de rociadores pueden cubrir. Salvo muy raras excepciones, casi todos los riesgos podemos protegerlos con rociadores, tanto si la extinción puede hacerse solo con agua, si hay líquidos inflamables y necesitamos espuma o si hay que refrigerar algún equipo o instalación en cuyo caso usamos agua pulverizada.

Pero la variedad y versatilidad de las instalaciones no se basa únicamente en lo específico del producto a proteger, también disponemos de soluciones que se adaptan al entorno bien por causa de las temperaturas, disminución de daños o incluso a veces debido a ambientes corrosivos.

Los diferentes sistemas existentes (húmedos, secos, alternos, de acción previa, diluvio) nos permiten, por ejemplo, usar agua como agente extintor en zonas en las cuales la presencia del agua en estado líquido no es posible, para ello, disponemos de sistemas secos o de acción previa en sus diferentes opciones, de las cuales una de ellas está específicamente diseñada para su uso en cámaras frigoríficas.

Cuando la presencia de agua en un ambiente en condiciones normales no es aconsejable por causas no achacables a la temperatura, sino a la realización de determinadas actividades que puedan producir roturas bien del tubo, bien de un rociador, con la consiguiente descarga de agua, la utilización de un sistema de acción previa evita los daños por agua.

Para la protección de riesgos que requieran una descarga simultánea sobre una determinada superficie, bien para su refrigeración (sistemas de agua pulverizada), bien para extinguir un incendio de un líquido inflamable (sistemas de agua/espuma), podemos utilizar rociadores como elemento de descarga, asociados a sistemas de diluvio.

Pero esta variedad es aún más patente si nos fijamos en la gran cantidad de tipos de rociadores disponibles en el mercado, algunos de ellos diseñados para aplicaciones tan específicas como la protección de conductos, viviendas, estanterías o fachadas.

Dependiendo del objetivo que queramos alcanzar, existen rociadores:

  • Tipo control.
  • Tipo supresión.
  • Residenciales.

Si nos fijamos en los parámetros de diseño, podemos encontrar aplicaciones que incluyen como tales: el área de aplicación y la densidad de diseño, o bien un determinado número de rociadores trabajando a una presión específica.

No son estas las únicas características que nos ofrecen gran variabilidad, así tenemos:

  • Factor K: En este momento disponemos de valores entre 57 y 480.
  • Temperaturas de actuación: Existen valores en 57ºC y 250ºC, lo cual permite proteger áreas en las cuales la temperatura puede alcanzar de forma normal los 200ºC.
  • Tipo de elemento sensible: Relacionado con la función del rociador como detector de temperatura, tenemos varias opciones para el elemento sensible tanto en cuanto a sus componentes: ampolla, fusible e incluso de accionamiento eléctrico (SMART sprinkler), como en la velocidad de respuesta de éste; estándar, especial o rápida.
  • Forma de montaje: Montantes, colgantes, de pared, empotrados, enrasados, ocultos.
    Diferentes materiales y colores: Latón, cromado, recubierto de teflón, encerados, electro-cincados, de acero inoxidable, pudiendo en la mayoría de los casos pintar los rociadores de cualquier color dentro de la gama RAL (la aplicación de la pintura solo puede hacerla el fabricante).

Existen además rociadores secos en diferentes factores K, que nos permiten proteger cámaras frigoríficas con rociadores solo en techo. Toda esta variedad es la causa de la extraordinaria ubicuidad de los rociadores, que hacen de ellos quizás el sistema de extinción de incendios más extendido y que puede proteger la mayor variedad de riesgos.

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