El futuro ya no es lo que era

José María Blanco. Director de Inteligencia de Ciberseguridad España. CIPHER.

Paul Valery, poeta y ensayista francés, afirmó que “el futuro ya no es lo que era”. Es díficil imaginar una frase, tan breve, que con tanta claridad ilustre tanto la velocidad de cambio de nuestras sociedades como la no linealidad del tiempo. El futuro es una imagen estática que se recrea en un presente efímero, pero que muta con las decisiones que se toman en cada momento, afectado además por el pasado. Ahí radica gran parte del valor del pensamiento prospectivo, puesto que sólo con pensar en futuro se están introduciendo elementos causales en su devenir.

futuro jose maria blancoAlvin Toffler, reconocido futurista por obras como “El Shock del futuro”, ya advertía en 1970 sobre uno de los mayores riesgos de las sociedades venideras: la dificultad para adaptarse y gestionar la complejidad. Añadía que “una de las definiciones de cordura es la capacidad de distinguir lo real de lo irreal. Pronto necesitaremos una nueva definición”.

En los últimos años se ha popularizado el término VUCA (acrónimo en ingles de las palabras volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad), un conjunto de características de nuestro mundo actual, un mundo digital en el que diversos factores están llevando a que cada vez sea más complicado distinguir lo real de lo irreal, lo que supone una clara oportunidad para los cibercriminales.

Campañas de desinformación, desarrollo de la realidad virtual, aplicaciones de Inteligencia Artificial, nuevas amenazas a través de vídeos e imágenes falsos (deep fakes) o la proliferación de bots son algunos ejemplos. La tecnología, sin duda, es el gran “game changer” de nuestro tiempo, entendiendo por tal término aquella variable que es susceptible de causar mayores impactos, tanto positivos como negativos.

Internet y las nuevas tecnologías nos aportan grandes beneficios para acceder a conocimiento, realizar gestiones, adquirir bienes y servicios, comunicarnos o mejorar nuestra calidad de vida. Pero también es utilizada con fines ilícitos y/o carentes de ética: ataques a los sistemas democráticos, desinformación, polarización y radicalización, cibercrimen, acceso a datos personales y vulneración de la privacidad, espionaje, etc.

Los impactos de las nuevas tecnologías, y la generación de riesgos que producen o potencian, no puede ser entendida al margen de la psicología, la sociología o la antropología. Quizás es por este motivo por el cual Bruce Schneir señaló que «si crees que la tecnología puede solventar tus problemas de seguridad, entonces no entiendes los problemas y no entiendes de tecnología».

Elementos distópicos
Ilustremos estos planteamientos con pequeños elementos distópicos que ya forman parte de nuestra vida actual o podrían hacerlo en el futuro. Es posible que nos despertemos cada día con la activación del sistema domótico de nuestra vivienda, que Alexa nos recuerde felicitar un cumpleaños, que se active la música favorita mientras preparamos el café, pulsando un botón en nuestro móvil mientras tratamos de no tropezar con el robot-aspirador.

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Podremos acudir a nuestro trabajo en un vehículo autónomo, mientras accedemos con nuestro equipo informático a la red empresarial y a la multitud de aplicaciones en la nube, a la vez que realizamos gestiones personales, como la compra de un libro en Amazon con un único click, al disponer el proveedor de todos nuestros datos de pago. Es posible que fichemos al llegar a la oficina con un sistema biométrico.

A lo largo del día es bastante probable que utilicemos medios personales, como un portátil, para temas laborales, y que, a la inversa, utilicemos medios profesionales (móvil, equipos, correo) para necesidades personales. Quien tenga afición, o necesidad, de hacer deporte dispondrá de un reloj deportivo o sensores en el calzado para consultar métricas de actividad.

Una máquina de vending, analizando nuestros datos, e incluso con reconocimiento facial, nos recomendará si debemos tomar un café, un té o un refresco. Viendo las noticias nos enteraremos sobre el último atentado terrorista de Al Qaeda, utilizando drones en racimo para atacar universidades estadounidenses. Igualmente, conoceremos que un grupo, patrocinado por determinado país, ha dejado sin luz varias ciudades occidentales durante un par de horas.

La reunión de la tarde con nuestro jefe la haremos utilizando avatares. Muchos problemas de salud se solucionarán con biotecnología. Será más eficiente contar con un ojo biónico que operarse de la vista. Jugaremos a videojuegos de realidad virtual, practicando técnicas de combate en un supuesto enfrentamiento contra el enemigo de turno.

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