La amenaza actual del terrorismo sobre los eventos

Carlos Moreno Clemente. codirector del «Congreso comunicación y Seguridad en eventos» en la UCM. Licenciado en Comunicación y Máster en Dirección de Seguridad Privada

Desafortunadamente, no resulta extraño encontrar juntas las palabras «evento» y «seguridad» en los titulares de prensa a nivel internacional y no siempre vinculados a noticias positivas. Según el profesor Peter Tarlow, existen diferentes motivos que motivan la aparición del terrorismo en eventos. Por una parte, los eventos impactan sobre otras muchas industrias paralelas, como la restauración, la hostelería y el entretenimiento; por tanto, los impactos negativos que resultan del terrorismo cuando éste modifica el entorno en que se desarrollan los eventos, causan daños generalizados en otros sectores, multiplicando su efecto.

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Además, a menudo, los eventos atraen cobertura mediática y este hecho permite a los terroristas promocionar su causa ante una gran audiencia. Durante los últimos años, el terrorismo yihadista ha puesto también en su punto de mira de manera activa a los eventos. No nos estamos refiriendo solamente a grandes eventos, sino a todo tipo de eventos, incluidos aquellos que pueden ser considerados como «objetivos blandos» (soft targets en inglés). Dichos objetivos blandos se caracterizan por ser lugares con alta afluencia de público, unas medidas de seguridad limitadas y relacionados, generalmente, con actividades sociales y de ocio. En este sentido, no cabe duda que eventos como conciertos, pruebas deportivas, celebraciones populares y otros actos han pasado a formar parte de los lugares donde existe ese riesgo potencial.

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Otro de los elementos vinculados al aumento de estas acciones es la relativamente fácil ejecución de estos ataques, pudiendo llegar a ser perpetrados por miembros aislados con apenas vinculación a la organización terrorista, sin necesidad de una gran inversión económica, pero con un gran impacto. Los medios afines a Al-Qaeda ya habían dado indicaciones para la creación de explosivos de manera casera en 2010, y fueron precisamente artefactos de este tipo los que explotaron cerca de la línea de llegada de la Maratón de Boston en 2013, causando la muerte de tres personas. Frente a las elevadas medidas de seguridad que puede tener un evento deportivo de alto nivel, la popular maratón americana se convertía en un objetivo blando en el que participaban más de 25.000 corredores y, debido a la propia naturaleza del evento, abarcando una gran superficie y sin control de acceso de público, elementos que lo convertían en vulnerable.

El desembarco del terror masivo de Daesh en Europa también volvió a poner de relieve la compleja relación del binomio de seguridad y eventos. La estrategia de los ataques terroristas de noviembre de 2015 en París se basó en una serie de acciones simultáneas con la voluntad de generar el mayor efecto de pánico posible, dificultando las labores de los equipos de seguridad y emergencias galos, y entre sus objetivos también estaban los eventos.

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Imágenes: Shutterstock / Fmua