«La “alerta temprana” es clave para una seguridad satisfactoria en museos»

Miguel Ángel Molina, director de Seguridad del Museo Thyssen-Bornemisza, explica en esta entrevista que “la nuevas tecnologías juegan hoy en día un papel clave, sobre todo en los museos, donde la seguridad debe estar siempre presente, pero de un modo discreto y que no interfiera en el visitante». Molina indica que entre los objetivos prioritarios que se marcó, tras su reciente incorporación al centro museístico, destaca la «actualización de los sistemas de seguridad para adaptarlos a la nueva amenaza global a la que nos enfrentamos todos, y especialmente los espacios públicos con gran concentración de visitantes»

[La entrevista íntegra puede leerse en el número 317 de diciembre de CUADERNOS DE SEGURIDAD]

seguridad eficiente en museos

—¿Qué objetivos se planteó tras su reciente incorporación como director de Seguridad del Museo Thyssen-Bornemisza?

—Los objetivos fueron varios, pero uno destacó especialmente entre otros, y es la actualización de los sistemas de seguridad para adaptarlos a la nueva amenaza global a la que nos enfrentamos todos, y especialmente los espacios públicos con gran concentración de visitantes. La amenaza yihadista, es nueva y nos obliga a adaptarnos a los nuevos retos, con nuevos sistemas de seguridad que generen una «alerta temprana», que permita articular los correspondientes protocolos de seguridad e intentar minimizar o neutralizar la posible agresión.

No se trata simplemente de incrementar los números de efectivos del personal de seguridad, sino implantar el uso de nuevas tecnologías, y estrechar la colaboración con las FCS, puesto que, ellos son los que están en la vanguardia de la lucha antiterrorista. Ante una amenaza de este tipo, todos los apoyos y colaboraciones son imprescindibles.

—De manera general, ¿cómo se organiza la seguridad de una instalación museística como es el Museo Thyssen- Bornemisza donde este elemento es una de sus máximas prioridades?

—Está formado por un director de Seguridad del que dependen los supervisores de Seguridad, los cuales son una pieza clave en la operatividad y maniobrabilidad del departamento y los cuales, a su vez, son delegados en Seguridad, por lo que reside en ellos la delegación del mando en ausencia del director de Seguridad. Por otro lado, y no menos importantes, son los operadores de Consola que mantienen todo el soporte técnico e informático, así como operatividad de la CRA-UP (Central Receptora de Alarmas de Uso Propio) que dispone el museo , y son el enlace directo con el director de Seguridad, así como con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Éstos últimamente están realizando una labor muy eficaz en la coordinación y ejecución de los transportes de obras de arte, los cuales en la mayoría de los casos son escoltados por la Brigada Especial del Cuerpo Nacional de Policía.

Todo el personal anteriormente citado depende de la Fundación Thyssen-Bornemisma. Aparte y mediante concurso público, se contratan los servicios de seguridad con una empresa de seguridad, en este caso CASESA, con Vigilantes de Seguridad, y a su vez coordinados por un supervisor de Seguridad de la empresa, que es el enlace directo de la misma con el director de Seguridad.

—¿Tiene previsto el departamento de Seguridad del Museo Thyssen-Bornemisza llevar a cabo mejoras o ampliaciones de los medios y medidas de seguridad con que cuentan las instalaciones del centro museístico?

—Sí, debido a las nuevas amenazas, hemos tenido que adaptar la seguridad física y electrónica. No es un proceso inmediato puesto que es complejo, no solo en el coste económico, sino en la integración en las instalaciones del museo, modificación de protocolos de seguridad, e instalaciones técnicas. Se han instalado paneles detectores de metales, un elemento básico pero que también nos ha supuesto dificultades de integración para conseguir el equilibrio entre lo estético y lo funcional; esta problemática es habitual en el ámbito museístico y cualquier intervención tiene que buscar el mínimo impacto físico y visual en el visitante.

—¿Qué papel juegan hoy en día las nuevas tecnologías a la hora de garantizar y mejorar la seguridad de los grandes centros museísticos?

—Un papel clave, sobre todo en los museos, donde la seguridad debe estar siempre presente pero de un modo discreto y que no interfiera en el visitante. Las nuevas tecnologías digitales, sobre todo las cámaras IP, y la resolución que ofrecen, junto a las nuevas analíticas de vídeo nos permiten superar las barreras que ofrecían las anteriores tecnologías analógicas.
Se obtiene un mayor control en las salas de exposiciones, se detectan objetos abandonados, se localiza en cuestión de segundos a la persona que abandonó el objeto (voluntaria o involuntariamente), pudiendo así activar un protocolo u otro y evitando alarmas innecesarias.
Se delimitan zonas de acceso de un modo virtual, así como conteo de personas, pudiendo avisar directamente por el Centro de Control a los vigilantes. Nos permiten la transcodificación dinámica, es decir, desde una tablet y de un modo encriptado y seguro conectar desde cualquier sitio al Centro de Control y sin que el ancho de banda sea una limitación. Visualizando las cámaras en HD y operando los domos y zooms. Y otro tipo de aplicaciones que se irán implantando en posteriores fases.

—En un mundo totalmente globalizado, ¿cómo han cambiado en los últimos años los riesgos y amenazas a los que tienen que hacer frente los responsables de Seguridad de los museos españoles?

—Como comentaba anteriormente, lo riesgos y amenazas han cambiado muy rápido y de un modo muy radical. Tenemos que estudiar tecnologías y medios para implantarlos, cuando antes sólo se consideraba su implantación en infraestructuras críticas. El riesgo es tan imprevisible e indiscriminado que desde el punto de vista de una auditoría interna, son muchos los puntos a los que hacer frente. Lo que supone una actualización constante, el disponer de una plataforma digital, aunque resulta costosa en su implantación inicial, luego resulta interesante su flexibilidad y adaptación de nuevas tecnologías porque se trataría de instalar actualizaciones de software y buscar la interconectividad.

—¿Cree que existe en la sociedad actual la concienciación de la necesidad de proteger y conservar el patrimonio cultural?

—Sinceramente creo que sí, el patrimonio cultural es un legado histórico que no distingue entre banderas ni política, es común a todos, es nuestra historia y es un bien común a todos. A diario puedo observar cómo los visitantes asisten emocionados a las inauguraciones de las exposiciones temporales y también a visitar la permanente. Y salvo contadas excepciones las personas son muy respetuosas y conscientes de ello. Siempre existirá un trabajo de concienciación a las nuevas generaciones y debe ser continuo y constante. En este museo observamos con alegría la cantidad de institutos y colegios que nos visitan, de hecho, tenemos un área específica de educación para atender todas sus necesidades. Y nuestro lema, y que lo hace atractivo a este tipo de visitas es «Un recorrido por la historia del arte», puesto que disponemos de obras de todas las épocas.

—Bajo su punto de vista, ¿cree que los usuarios de las instalaciones museísticas y centros de arte valoran las medidas de seguridad implantadas o, por el contrario, se trata de un hecho que pasa desapercibido?

—Buscamos siempre la integración de todos los elementos y el menor impacto visual, así como una mínima interferencia en el visitante. Pero sí que he observado en estos últimos meses una clara concienciación del visitante respecto a la seguridad, y de los mismos trabajadores del museo incluso. Nos suelen preguntar por los arcos detectores de metal, si están instalados o no, y claro no habían advertido su presencia al acceder al museo. Cuando luego se les explica se muestran satisfechos. Incluso llegan a aportar sugerencias. Y por parte de la Dirección del museo también hay una clara concienciación sobre la seguridad, mostrando a este departamento de Seguridad todo su apoyo y colaboración. Y ante problemas que se plantean complejos formamos equipos entre las áreas afectadas para buscar su solución.

—¿Cuáles considera que son las claves para una seguridad satisfactoria en este tipo de instalaciones?

—La clave es aplicar el término «alerta temprana», en toda su extensión, tanto en medios físicos, técnicos como humanos. Hay que mentalizar a todo el personal de seguridad a la amenaza a la que nos enfrentamos y buscar un equilibrio entre atención y eficacia, estando siempre prevenido y nunca atemorizado. Si la amenaza se materializa, neutralizarla resultaría muy difícil y con riesgo de bajas. Por lo que la clave es adelantarse a los hechos, colaboración, información, inteligencia, son las fases que nos ayudarán a prevenir esos riesgos y ataques.

—¿Cuáles son las prioridades de seguridad para el responsable de Seguridad de una instalación como el Museo Thyssen-Bornemisza?

—Las prioridades son varias, pero evidentemente la prioridad máxima son las vidas de las personas, tanto visitantes como trabajadores, así como las obras de arte aquí expuestas, puesto que de producirse un incendio o inundación, la pérdida sería irrecuperable. También se están reforzando y actualizando los Planes de Evacuación de Obras de Arte ante Catástrofes o Emergencias. En colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, así como con la UME Unidad Militar de Emergencias. Son medidas que no buscamos generar alarma, pero debemos estar preparados ante cualquier contingencia que se pueda producir, y contar con protocolos y colaboraciones que presten apoyo desde el exterior.

Imágenes: Museo Thyssen-Bornemisza