Drones sí, pero seguros

Hace unos meses participé en Madrid en la I Jornada Técnica de RPAS y Seguridad Privada, invitada por Cuadernos de Seguridad, de Ediciones Peldaño, a los que felicito por su gran profesionalidad en la organización del encuentro. En mi ponencia introduje el tema de las responsabilidades derivadas de las operaciones de drones o aeronaves no tripuladas. Una cuestión no menor, pero compleja, que quiero abordar en este artículo, basándome sobre todo en mi experiencia y en mi compromiso con un sector que tiene un potencial incalculable por desarrollar y múltiples aplicaciones en el ámbito de la Seguridad Privada, pero que debe dar un paso más allá para profesionalizarse.

Meritxell Codina García. Consejera Delegada de Eurania, perito y consultora aeronáutica

Meritxell CodinaEn el programa de presentación de las jornadas se hablaba de la revolución tecnológica que ofrecen los equipos de RPAS. Me quedo con esta palabra, revolución, porque comparto plenamente que en los últimos dos o tres años estamos viviendo una auténtica revolución. La evolución de un sector que se presenta como emergente pero que ha irrumpido con muchísima fuerza, no solo para aquellos que nos dedicamos a la aeronáutica, sino también en otros ámbitos profesionales, impactando incluso en la sociedad en todo su conjunto.

Y precisamente porque el fenómeno es ya una revolución, es tanta la urgencia de analizar aspectos como el de la seguridad privada.

¿Qué es la seguridad privada? Es el conjunto de bienes y servicios ofrecidos por personas físicas o jurídicas privadas destinadas a proteger a sus clientes, ya sea a su integridad o a su patrimonio, de daños y riesgos externos, a auxiliarlos en casos de delitos, siniestros o desastres, y a colaborar en la investigación de los delitos que los involucren.

Es decir, a diferencia de la Seguridad Pública, que es ejercida por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para garantizar la integridad física y los bienes de la ciudadanía en todo su conjunto, la Seguridad Privada, precisamente se diferencia porque es ejercida desde lo privado. Y eso significa que las operaciones que pretendan realizarse en este ámbito con drones, deberá serles de aplicación la Ley 18/2014 que regula, y por ahora de manera transitoria, las operaciones con aeronaves no tripuladas con fines civiles y comerciales.

Requisitos establecidos por la autoridad aeronáutica

Así las cosas, quienes ofrezcan servicios de Seguridad Privada con aeronaves no tripuladas, deberán cumplir, además de todo lo propio en su propio ámbito de actuación, aquellos requisitos establecidos por la autoridad aeronáutica, en este caso la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, que son de obligado cumplimiento y  exigidos a las empresas operadoras de drones para obtener la habilitación correspondiente.

Unos requisitos de formación mínima obligatoria, de organización y estructura, que tienen como principal objetivo velar por la seguridad de las operaciones.

dronesEmpresas de Seguridad Privada

Por tanto, esas empresas de Seguridad Privada que brindan servicios privados y trabajan habitualmente de forma auxiliar y complementaria a la Seguridad Pública, deberán no solo garantizar la seguridad de esas operaciones desde el punto de vista de la Seguridad Privada, sino también garantizar la seguridad de esas operaciones desde la perspectiva y el criterio aeronáutico.

Dicho de otra manera, en el desarrollo de estas operaciones específicas, se asumen responsabilidades inherentes a la propia actividad de seguridad privada y responsabilidades derivadas del uso y manejo de estas aeronaves.

Así, desde el punto de vista aeronáutico, en el marco de operaciones con aeronaves no tripuladas, existe la responsabilidad derivada directamente de una utilización indebida de aeronaves  en la que se pueda incurrir en infracciones contra la seguridad de la aviación, perfectamente recogidas en la Ley de Seguridad Aérea.

Asimismo, pueden existir responsabilidades civiles y penales cuando no somos capaces de garantizar aspectos de privacidad y protección de datos; y también cuando no respetamos el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar, y a la propia imagen, o hay inviolabilidad del domicilio.

Pero también pueden derivarse responsabilidades civiles y penales en el no cumplimiento de otros cuerpos normativos, como podrían ser el Código Civil y el Código Penal, por ejemplo ante la revelación de secretos o los daños físicos o materiales causados a terceros.

En definitiva, sea cual sea el ámbito de actuación, debemos ser  capaces de realizar operaciones de manera segura. Y debemos tener muy claro que solamente garantizando la seguridad de las operaciones en todos los aspectos, el sector podrá desarrollar todo su potencial. Que es mucho.

Las empresas españolas están apostando por adentrarse y posicionarse en el sector con el apoyo de las aeronaves no tripuladas, y cada vez son más las que se acercan a los drones por ser la tecnología más puntera del mercado.

Según datos de la AESA, a día de hoy hay muchos pilotos en el mercado, pero pocos de ellos están realmente cualificados. Formación escasa, o muy justa, con pocas horas de vuelo y por ende, con poca destreza, ya que esta aumenta con la experiencia. El gran reto, la clave, para emplear estos aparatos en todos los ámbitos es conseguir que vuelen de forma segura, y ello se consigue con la tecnología y con personal cualificado.

La evolución natural es que, igual que lo hace la industria, los pilotos se acaben especializando y sin duda, los que aporten en sus espaldas experiencia contarán con ventaja.

Experiencia, conocimiento, cumplimiento de la normativa y voluntad de hacer las cosas bien. Estas son, para mi, las claves para garantizar que esta revolución se haga bien y en beneficio de todos.

Imágenes: Flickr, Pedro Galán