«La seguridad en un casino no es un juego». Ángel Pérez Alcarria, director de Seguridad de Casino Gran Madrid

Esta historia está basada en hechos reales, y cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia. Y sino, que se lo pregunten al invitado de  «Un Café con…», con quien nos comprometimos a no implicar durante la conversación en el cinematográfico guión de un asalto perfecto a un casino.

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Siguiendo sus indicaciones, esta cita tiene lugar en el Casino Gran  Madrid, en pleno corazón de la capital, donde, nada más acceder, la imaginación echa a volar con partidas de póker, blackjack, apuestas de ruleta, o inciertas jugadas de máquinas tragaperras. Con la madurez de quien ha crecido profesionalmente en el seno de un establecimiento de juego, Ángel Pérez Alcarria, director de Seguridad de Casino Gran Madrid, nos pone rápidamente los pies sobre la tierra tras indicar que «la seguridad en un casino no es un juego». Casi 35 años de experiencia avalan la afirmación de este profesional para quien lo prioritario es garantizar la protección de los clientes –y de los trabajadores– que visitan la instalación, «incluso cuando ya han salido de las salas de juego». Cerca de 300 cámaras son los «ojos» vigilantes de las instalaciones y del buen desarrollo y transparencia en el juego, unido a innovadores sistemas de identificación facial en el acceso y apertura biométrica de puertas, mampara blindada en la zona de caja, un especializado equipo de vigilantes para la protección externa…, y otros sistemas que por pura profesionalidad no menciona.

De trato amable y cercano, y un dinámico conversador, se atreve incluso a tomar el mando de la entrevista y preguntarnos: ¿Crees que es fácil robar en un casino? El silencio como respuesta. «A diario se maneja más dinero que en un banco –explica– y existe una gran tentación. Entrar a robar puede ser tan sencillo como coger un arma y amenazar, pero, ¿cómo consigues salir de aquí?». Estudiados procedimientos y protocolos de seguridad –conocidos no solo por el personal de seguridad, sino por jefes de mesa, crupier…– son la réplica a su cuestión. Pero también entra en juego una figura exclusiva de los casinos y «columna vertebral» de su seguridad interior: los fisonomistas: «especialistas capaces de retener en su mente los rasgos de las personas que acceden al casino –explica– o de identificar un movimiento sospechoso durante las partidas».

Y aunque es peculiar e inusual poder escuchar todos estos datos, no dudo en saltarme el minucioso relato y rastrear, aunque sea por unos instantes, por cuestiones menos profesionales. Apasionado lector de Vázquez Figueroa, asegura no tener casi vida social –«¡con estos horarios!», incide–, y vivir pegado al teléfono, aunque todo se compensa por «tener un trabajo que me apasiona y donde tengo grandes amigos». Asegura, mientras esboza una pícara sonrisa, no ver  nunca «películas de robos en casinos», y viajar todo lo que puede, sobre todo por España. Un último y curioso apunte, su número de la suerte: el 11.