Miguel Lorenzo Gawenda, director del I Congreso Nacional de Formación Reglada en Seguridad Privada

Miguel Lorenzo Gawenda es el director del I Congreso Nacional de Formación Reglada en Seguridad Privada, una cita que quiere reunir a los distintos actores del sector, del 9 al 11 de marzo, en la ciudad de Ourense, organizada por ANPASP Asociación Nacional de Profesores Acreditados de Seguridad Privada.

miguel lorenzo gawenda

Cultura de Seguridad, Formación e Información. Un Proyecto Compartido es el lema de esta primera edición que aspira a tener continuidad. Lorenzo Gawenda contesta a nuestras preguntas.

—¿Con qué expectativas nace este congreso?

—En primer lugar trata de ser un punto de encuentro de todos los actores del sector y de la administración para brindar una imagen de unidad y de apoyo al modelo de formación reglada en seguridad en todos sus niveles y ámbitos.

En segundo lugar, desde las universidades, centros de formación y desde los propios docentes, existe mucha incertidumbre respecto a cuáles serán los caminos, los requisitos actuales en cuanto los futuros de los programas, de los centros de formación en cuanto a impartición, y de docentes en cuanto a requisitos para poderse adaptar u homologar. El congreso debe ser el punto de partida para buscar un punto de consenso, o equilibrio, en cuanto a los aspectos que se abordan en él.

En tercer lugar pretendemos que el congreso sirva de base para abordar los distintos puntos de vista y establecer las propuestas del sector.

En cuarto lugar y, sin perder de vista que las competencias en materia de educación están transferidas a las comunidades autónomas, el congreso debe ser el punto de partida para realizar jornadas en las distintas comunidades para que los actores públicos y privados de cada una puedan abordar sus puntos de vista, su nivel de implicación, sus necesidades y posiciones.

—¿Cuáles son las líneas de su programa?

—Hemos diseñado el programa del congreso y elegido las personas intervinientes para poder dar respuesta a las dudas que han surgido con las nuevas vías de acceso a las distintas profesiones del sector.

Se abordan, entre otras cuestiones:

La formación universitaria, en la que se analizarán:

  • Los requisitos de los grados universitarios en cuanto a posibles contenidos, docentes y sus requisitos en la universidad pública y en la privada, en cuanto a la formación genérica en seguridad
  • Las distintas e imprescindibles vías de especialización a través de programas de especialización o postgrados en determinados ámbitos: infraestructuras críticas, eventos de gran concurrencia, entidades financieras, sector sanitario.

La formación profesional, en la que se abordaran:

  • Los requisitos de la titulación en cuanto a posibles contenidos, duración y viabilidad de las prácticas en centros públicos y privados.
  • La formación del profesorado, tanto con titulación universitaria como profesores especialistas: vías de acceso, convalidaciones, limitaciones.
  • Convalidaciones de los profesionales por la vía de acreditación de experiencia y formación y la obtención de las cualificaciones.

Los certificados de profesionalidad:

  • Requisitos de los centros en cuanto a espacios y medios materiales, impartición y limitación de docentes para la impartición de los mismos.
  • Formación de su profesorado.
  • Certificación de los profesionales, mediante acreditación de experiencia y formación.

—¿Cuál es el momento de la formación en seguridad privada en España?

—Estamos en un momento de pre transición de la formación desde como la conocíamos hasta ahora a como se contempla en el artículo 29 de la Ley 5/2014, que abrió las vías a los certificados de profesionalidad, ya en funcionamiento.

Por desarrollar mediante reglamentos y propuestas consensuadas, están las vías de la formación profesional y los grados universitarios, aunque ya existen distintas ofertas en este último sentido.

Somos el país con la mejor formación del mundo en el ámbito de los detectives privados, con 1.800 horas de formación en centros universitarios, desde que en 1995 se regulase por primera vez.

Distinto caso es el de los directores de seguridad que iniciaron el mismo camino con 120 horas, exactamente 120 horas menos que un vigilante que en aquel momento tenía un programa formativo de 80 temas. Cierto es también que el contenido se amplió en contenido y duración en 2011, aunque existen programas impartidos íntegramente a distancia con escasa participación o interacción al no haberse concretado la diferencia entre lo presencial y lo no presencial, lo on-line y la presencia “remota” por videoconferencia entre alumnos o docentes.

En cuanto al personal operativo se ha pasado igualmente por distintas etapas con más y menos acierto. En 1996 se inició con 240 horas y 80 temas para pasar a la mitad de temas en 1999 y 180 horas, para seguir igual en 2011 con algunas variaciones pero permitiendo que un programa ya absolutamente insuficiente pudiera impartirse el 50% a distancia, sin concretar los aspectos mencionados anteriormente.

Esto nos lleva a que con la situación económica de los aspirantes, generalmente en desempleo, y la escasa moral de algunos centros se estén impartiendo cursos con unos resultados nefastos; si bien existen muchos más centros que apuestan por la calidad y los medios y la impartición del programa completo por la vía presencial, aún a coste de un menor margen de beneficio.

—¿Se forma suficientemente al personal del sector?

—En mi opinión hay distintas respuestas:

Dentro del personal operativo existe un porcentaje importante de profesionales que acude con regularidad a las ofertas formativas de los centros privados para mejorar sus competencias o capacidades pagando de su propio bolsillo, ya mermado por la situación económica y laboral. Existe otro porcentaje mucho menor que recibe la formación de actualización mínima, que marca la normativa en 20 horas, En otros casos esos requerimientos son exigencia de los clientes; y en otros, los menos, ni la empresa, ni el cliente, ni siquiera el personal ponen interés más que en cubrir el expediente.

En el ámbito de los directores de seguridad y jefes de seguridad, rotundamente no. Los jefes de seguridad realizan un examen de trámite, aquellos que lo tienen que hacer, y otros son habilitados por tener el curso de director, en los que se aborda poco de la gestión que realiza un jefe de seguridad en la empresa de vigilancia.

Sería deseable que el reglamento imponga la misma obligatoriedad de actualización a quienes gestionan seguridad que al personal operativo. Es incoherente que se le exija al personal de base y al directivo no; aunque en muchos casos, con independencia de la obligatoriedad, nos vemos obligados por los cambios, las necesidades o los requerimientos del mercado laboral.

En el ámbito de la investigación la formación inicial es excelente pero aunque las conductas indebidas no puedan prevenirse desde la formación sí que en muchos de sus campos de actuación hay cambios constantes normativos, operativos, tecnológicos… y ello también debe ser objeto de mejora.

—¿En su opinión, cómo se puede mejorar esta formación?

—Si bien la postura de la Administración no es errónea en cuanto a que el mercado efectúa la selección natural y, por tanto, los profesionales y centros que no formen o se formen con rigor y de forma continua están llamados a la extinción, en mi opinión debe hacerse una profunda revisión de contenidos, duración, requisitos de acreditación de docentes, de medios materiales de centros de formación que garanticen conseguir un nivel mínimo homogéneo.

Por ejemplo en la formación específica para determinados servicios se han establecido programas cuyos contenidos se repiten en los 14 cursos en los que se ha dividido esa formación, lo que obliga a repetir los contenidos con independencia de que deban adaptarse de forma concreta al sector. Esa formación cuya duración mínima se ha establecido en 10 horas es manifiestamente insuficiente, aunque, como ya he mencionado, la regulación es de mínimos y en los centros serios se imparten en el doble, y aun así sigue siendo insuficiente.

La práctica en todos los ámbitos y niveles es imprescindible pero la normativa en este caso es demasiado restrictiva en cuanto a salida del centro, visitas o prácticas, restringiéndose casi al tiro, la preparación física y la extinción y es necesario abrir el camino de posibilitar otros tipos de prácticas y visitas que permitan durante la formación conocer las distintas realidades.

El proverbio que dice que “lo oigo y lo olvido, lo veo y lo recuerdo, y lo hago y lo entiendo” cobra especial trascendencia en la formación de seguridad

—¿Qué papel tienen que jugar las instituciones en este sector privado?

—Deben actuar como posibilitadoras, realizando una regulación realmente adaptada a las necesidades formativas de todos los profesionales implicados. Permitiendo la colaboración y aportando la experiencia de los centros públicos.

Las escuelas de seguridad pública de la Policía, de la Guardia Civil, de la Ertzainta, de los Mossos de Escuadra, la Escuela Nacional de Protección Civil y otras muchos organismos pueden ayudar en la formación, actualización, adaptación del profesorado de seguridad privada que, finalmente, transmite sus conocimientos en los centros de formación y, por este motivo, también se cuenta con ellos en este congreso.

La interacción entre Educación, Interior y el sector es imprescindible para una regulación adaptada a las necesidades del sector, de la sociedad y del nivel de las amenazas actuales.

—¿Qué entiende por cultura de la seguridad?

—La respuesta es una frase muy conocida: “la seguridad es cosa de todos”, sin embargo no es conocida por todos. Transmitir a la sociedad el concepto de seguridad entendido como un todo integral que nos permite la normalidad de las actividades, la serenidad, la tranquilidad y el libre ejercicio de derechos.

Para ello hay que incluir en todos los niveles formativos contenidos de seguridad, prevención y autoprotección. Ello requiere que se empiece desde la educación infantil y primaria, secundaria, formación profesional y universitaria; pero sin perder de vista a las escuelas de negocios, que forman a los grandes directivos sin aportarles una visión de la seguridad.

Teniendo una sociedad informada y formada en materias de seguridad y autoprotección será mucho más viable disfrutar de las libertades que podemos estar viendo recortadas por la amenaza yihadista o por cualquier otro riesgo, porque prevenir es vivir y para ello es necesario la “cultura de la seguridad”

—¿Cómo funciona la Asociación Nacional de Profesores Acreditados de Seguridad Privada?

—Pretendemos promover acciones que favorezcan los intereses de los docentes y ser posibilitadores de acuerdos que les permitan mantenerse informados, actualizados en sus conocimientos.

En ese sentido, tratamos de buscar ofertas formativas a través de las instituciones, un ámbito que, de momento, se ha visto limitado al Instituto de Seguridad Pública de Cataluña que ha ofertado cursos para formadores de seguridad privada. Hemos tratado de conseguir algo semejante en la Escuela Nacional de Policía, en la que todavía no ha cuajado la iniciativa, y en la Academia Galega de Seguridad Pública, con la que esperamos frutos tras el congreso.

Pero quizás en lo que nos hemos diferenciado de otras asociaciones es que hemos tratado captar socios que no buscasen tanto el beneficio directo de una asociación, sino que quisieran o pudieran contribuir con propuestas constructivas para ser el cauce de transmisión a la Administración.

En este último sentido vamos a seguir trabajando en la captación de socios que nos aporten iniciativas y la necesaria representación.

Tras el congreso vamos a convocar una junta extraordinaria para explorar la posibilidad de ampliar y modificar los estatutos, adaptarnos y poder representar de forma sólida las necesidades de formación del sector, entre otras cuestiones.