Resultados de la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo: aumento de los riesgos psicosociales

Recientemente el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT)  publicaba los resultados de la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo 2011. Dicha encuesta, que se realiza mediante entrevista personal y cuestionario de 62 preguntas a 8.892 trabajadores de nuestro país, estudia todos los aspectos relevantes de las condiciones de trabajo y su relación con la salud y seguridad de los ocupados.

UCM

Autor: María Inmaculada López Nuñez,  Jesús Martín García, Lourdes Luceño Moreno y Marian Jaén Díaz. Laboratorio de Psicología del Trabajo y Estudios de Seguridad de la Universidad Complutense de Madrid.

De entre los principales resultados que proporciona esta encuesta cabe destacar los siguientes: el 69% de los ocupados percibe estar expuesto al riesgo de accidentarse en su trabajo; cifra ligeramente inferior a la obtenida en la encuesta precedente de 2007 (71%). Uno de cada diez ocupados está expuesto a un alto nivel de ruido en su puesto de trabajo. Los obreros industriales, los mecánicos y empleados de taller son quienes más frecuentemente deben soportar exposiciones a valores de ruido elevados y muy elevados (39% y 31%, respectivamente). La exposición a agentes químicos derivada tanto de su manipulación como de su inhalación, afecta al 23% de los trabajadores. Algo más del 7% de los ocupados están expuestos en su trabajo a contaminantes biológicos, y son los trabajadores de las actividades sanitarias y sociales los que están expuestos en mayor medida (47%), tanto porque deben manipularlos como porque pueden entrar en contacto con ellos de forma accidental.
Otros indicadores de enorme impacto, por su magnitud y consecuencias asociadas, son los relacionados con los requerimientos físicos de la tarea. Las exigencias físicas más habituales son: repetir los mismos movimientos de manos o brazos (59%) y adoptar posturas dolorosas o fatigantes (36%).
La encuesta también señala que más de siete de cada diez trabajadores tiene algún problema de salud. Para la mayoría de ellos, sus problemas de salud están relacionados (originados o agravados) por el trabajo que realizan, en particular quienes presentan algún trastorno musculoesquelético, pero también los que manifiestan sufrir cansancio, agotamiento y estrés.
Los resultados globales muestran una evolución de los riesgos para la seguridad y la salud de los trabajadores similar a la producida en la mayoría de los países europeos. La percepción de los trabajadores sobre los riesgos a que están expuestos apenas sufre cambios en lo que se refiere a los riesgos tradicionales tales como los de accidente, contaminación de origen químico, o exposición a agentes físicos. Por el contrario, los datos referidos a las exigencias físicas de los puestos de trabajo, los indicadores relativos a factores psicosociales y los problemas de salud asociados ambos muestran una incidencia creciente.

Factores Psicosociales en aumento
Tal y como indica el propio informe, los indicadores relativos a los factores de riesgo psicosocial en la encuesta se pueden agrupar en tres ámbitos: uno es el de las exigencias del trabajo a las que el trabajador debe hacer frente para el cumplimiento de su tarea, otro es el grado de autonomía de que dispone para decidir cómo ejecutar la tarea, y el tercero es el relativo a las relaciones sociales en el trabajo, analizadas a través de indicadores como el nivel de apoyo, el reconocimiento del trabajo y las situaciones de violencia sufridas.

Exigencias del trabajo

Dentro de este apartado se consideraron cuatro dimensiones: la cantidad de trabajo, la presión temporal, el trabajo complejo frente al trabajo monótono y el trabajo de cara al público. Los resultados de la Encuesta indican que el 23,9% de los trabajadores señala que tiene mucho trabajo y se siente agobiado. Este porcentaje es ligeramente superior al observado en 2007 cuando se alineaban con esta opinión un 20,3% de los ocupados. En cuanto a la presión temporal en el puesto de trabajo, entendida como tener que trabajar demasiado deprisa, trabajar con plazos muy estrictos y cortos, o atender a varias tareas al mismo tiempo, el 46% considera que debe trabajar muy rápido, porcentaje superior al obtenido en 2007 que fue del 44%. El 34,9% señala que debe trabajar con plazos muy estrictos y muy cortos, este aspecto se mantiene sin diferencias respecto a 2007, y un 45,3% de los encuestados consideran que debe atender varias tareas al mismo tiempo, porcentaje que también se incrementa con respecto a  2007 que fue del 41,2% (Tabla 2).
La complejidad del trabajo es otra dimensión estudiada dentro de las exigencias del trabajo. El 20,5% de los encuestados señala que «siempre o casi siempre» o «a menudo» debe realizar tareas complejas, complicadas o difíciles; este porcentaje prácticamente coincide con el obtenido en 2007 (20,8%). Un indicador relevante de la calidad de la tarea es la posibilidad de aprender cosas nuevas en el desarrollo del trabajo. En este sentido, el 16,4% manifiesta que «raramente» o «casi nunca/nunca» puede aprender cosas nuevas en su trabajo.
Las exigencias «emocionales» del «trabajo de cara al público» es un aspecto que debe tenerse en cuenta desde un punto de vista de la evaluación de riesgos laborales y la actividad preventiva. Según los resultados obtenidos en la Encuesta, atendiendo a las respuestas «siempre o casi siempre» o «a menudo», el 64% de los trabajadores deben tratar directamente con personas que no están empleadas en el lugar donde trabaja, como clientes, pasajeros, alumnos, pacientes, etc., respecto a 2007 esta actividad se ha incrementado significativamente en cinco puntos (58,6%).

Grado de autonomía
Se refiere al margen de maniobra o autonomía con que cuenta el trabajador en el desarrollo de su trabajo, ya que la combinación de fuertes exigencias del trabajo y escasa autonomía define una situación de riesgo de carácter psicosocial. Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Trabajo (2011), entre el 20 y el 35% de los ocupados no tiene la posibilidad de elegir o modificar el método de trabajo, el ritmo de trabajo, el orden de las tareas o poner en práctica sus propias ideas; pese a ello, todos estos indicadores han mejorado respecto a 2007.

Relaciones Sociales en el trabajo
Bajo este apartado la Encuesta analiza las siguientes dimensiones: el apoyo social por parte de compañeros y jefes, el reconocimiento del trabajo y las situaciones de violencia sufridas. Desde el punto de vista del apoyo social, tan sólo el 7,3% de los ocupados opina que «raramente» o «nunca/casi nunca» puede obtener ayuda de sus compañeros si la pide. La falta de apoyo de superiores o jefes es más habitual: el 16,9% indica que «raramente» o «nunca/casi nunca» puede obtener su ayuda si la solicita. La falta de apoyo social, tanto de compañeros como de jefes, es más frecuente en los siguientes colectivos: los trabajadores de 55 y más años, los de una nacionalidad distinta a la española, o en los microcentros de diez o menos trabajadores.
Otro factor ligado a las relaciones sociales en el trabajo es la falta de reconocimiento del trabajo realizado. El 6,1% de los ocupados coinciden en contestar que «raramente» o «casi nunca/nunca» tiene la sensación de estar haciendo un trabajo útil; este porcentaje no presenta diferencias con el obtenido en 2007.
La exposición a conductas violentas en el trabajo se ha determinado preguntando a los trabajadores si han sido objeto, en los doce meses anteriores a la entrevista, de alguna situación violenta en el ámbito del trabajo dentro de un listado de distintas opciones. El 89,1% de los trabajadores declaran no haber sufrido conductas violentas. Del 11% que declaran haber sufrido alguna, el 22,7% ha contestado «a menudo» y el 84,5% a veces. Las conductas violentas a las que con más frecuencia señalan los trabajadores haber estado expuestos son: a) agresiones verbales, rumores o aislamiento social, b) amenazas de violencia física y c) violencia física cometida por personas no pertenecientes a su lugar de trabajo. La discriminación por discapacidad, orientación sexual o religión son las conductas violentas menos mencionadas por los trabajadores.
Por sector de actividad, los trabajadores de Servicios manifiestan haber sido objeto de algún tipo de violencia en un 12,9% frente al resto de sectores , cuyos datos oscilan entre el 4% y el 6%. En consonancia con lo anteriormente expuesto, son los trabajadores de las actividades sanitarias y sociales y los trabajadores de la administración pública y educación los que se encuentran expuestos en mayor medida a estas conductas violentas, y si atendemos a la ocupación, el personal de Defensa y Seguridad es el más expuesto a agresiones verbales, rumores o aislamiento social (27,4%), además de a amenazas de violencia física (27%) y a violencia física cometida por personas no pertenecientes al lugar de trabajo (21,4%) (Tabla 3).
Si se considera el sexo, es destacable que las mujeres señalan ser objeto de agresiones verbales, rumores o aislamiento social en un 8% frente al 6,7% de los hombres. A medida que aumenta el tamaño de plantilla del establecimiento de trabajo se observa un aumento de exposición a conductas violentas. En los centros de trabajo con plantillas superiores a 250 trabajadores, un 11,5% se encuentra sometido a agresiones verbales, rumores o aislamiento social y un 6,9% a amenazas de violencia física, frente al 5,2% y 2,6% respectivamente indicados por los ocupados en centros inferiores a 11 trabajadores. La manifestación de sintomatología de corte psicosomático es significativamente mayor en los trabajadores expuestos a conductas violentas en el trabajo que en quienes no son objeto de tales comportamientos. Así pues, se observa que los trabajadores expuestos refieren quejas por dolor de cabeza (26,4%), problemas para conciliar el sueño (22,9%), y estrés, ansiedad o nerviosismo (38,2%), frente a los trabajadores que dicen no estar expuestos (12,5%, 8% y 14,6%, respectivamente).
De los resultados mostrados anteriormente podemos extraer algunas conclusiones para las futuras acciones preventivas y de intervención en nuestras organizaciones: mientras que apenas sufren cambios los riesgos considerados tradicionales (accidente, contaminación química o agentes físicos), es destacable que varios indicadores relativos a las exigencias derivadas de factores psicosociales del trabajo han empeorado respecto a cuatro años antes. Así ocurre con el nivel de atención exigida en la tarea, con la percepción de tener mucho trabajo y sentirse agobiado, tener que trabajar muy rápido o deber atender varias tareas al mismo tiempo. Los problemas de salud asociados a dichos factores psicosociales también muestran una incidencia creciente.
Asimismo, el porcentaje de trabajadores que deben tratar directamente con personas que no están empleadas en el lugar donde trabaja se ha incrementado en cincos puntos y es el indicador que más crece de todos los evaluados en dicha encuesta. Este aspecto está relacionado con las exigencias emocionales en el lugar de trabajo, lo que supone un factor de riesgo psicosocial en creciente aumento. La violencia en el lugar de trabajo es un hecho derivado de esas exigencias emocionales.
En la actualidad, el personal de Defensa y Seguridad es el más expuesto a conductas violentas en el lugar de trabajo, lo que nos lleva a recordar la importancia de la evaluación de riesgos psicosociales en general y de este sector en particular. Ante esta realidad, las actividades preventivas y de intervención cobran una importancia capital como signo distintivo de nuestra empresa: no sólo se cumple con la obligación legal en materia de seguridad y salud de los trabajadores del sector de la Seguridad, sino que se convierte en un indicador distintivo de competitividad, calidad, atractivo laboral y responsabilidad.

Referencias
-Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. (2012). VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo 2011.
-Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. (2007). VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo 2007.