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La genética en nuestras decisiones

Laboratorio de Psicología del Trabajo y Estudios de Seguridad de la Universidad Complutnese de Madrid

Actualmente la situación económica mundial demanda explicaciones acerca de por qué hemos llegado a este punto, por qué no se vaticinó a tiempo la caída de la Bolsa o por qué permitimos que el precio de la vivienda aumentara a gran escala en un estrecho margen de tiempo.

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Bases biológicas de la psicología económica y otras aplicaciones de esta disciplina

Piense en el papel tan importante que Vd. otorga a la confianza con la que cree las cosas. Haga lo mismo, pero en este caso referido a su capacidad para pronosticar los movimientos del mercado monetario. Si ha oído que todo «pinta» bastante mal, posiblemente arriesgue menos. No quiere jugarse su dinero porque no confía. Efectivamente, sus pensamientos y creencias están repercutiendo sobre la economía. Esto no conlleva la actuación de una sola persona sino la de varias personas. En tiempos de crisis, nadie quiere invertir su dinero por miedo a perderlo. Si nadie invierte, lo más probable es que a la larga, se produzca el estancamiento en los mercados.
Cuando las personas se encuentran viviendo una situación de crisis financiera, al principio no quieren reconocer ni asumir lo que está pasando realmente, pero después se centran en las consecuencias que ello supone, con altos niveles de tensión, miedo, estrés y pérdida de control (Quintanilla, 2010). Cuando la economía está en auge, tomamos decisiones con espontaneidad, pero si la confianza no existe, las decisiones se ponen de manifiesto (Akerlof & Shiller, 2009). Éste es un ejemplo que ilustra una de las aplicaciones de la Psicología Económica: el estudio acerca de cómo nuestros pensamientos y nuestra intuición relegan en acciones económicas de inversión o retirada del dinero del mercado financiero.
Cuando se ha intentado dar explicaciones sobre resultados económicos, quizás nunca nos hemos parado a pensar que más que nuestras decisiones racionales, están en juego nuestros deseos, emociones, preferencias, contextos diferentes y una larga cadena de sentimientos experimentados a lo largo de nuestra experiencia. Cómo influye nuestro comportamiento en la economía y cómo ésta repercute en nuestras propias decisiones es lo que pretende analizar el campo de estudio de la psicología económica.
Por lo tanto, se puede decir que una de las primeras aplicaciones de la psicología a la disciplina económica es el estudio de las expectativas sobre la situación monetaria presente. Este aporte de la psicología es extremadamente importante, puesto que si analizamos la etapa económica en la que estamos, y nos preguntamos por qué no se realizan inversiones o  por qué no se crean pequeñas y medianas empresas, podremos dar una explicación que plantee posibles soluciones.
Entre las posibles explicaciones que pueden darse, se encuentra la explicación biológica. Durante mucho tiempo se ha pasado por alto la importancia que presenta la genética en la toma de decisiones. Los hallazgos realizados dentro de la neuroeconomía suponen una evidencia de la existencia de la psicología económica como disciplina. La neuroeconomía se trata de un nuevo campo de estudio científico que estudia la psicología económica desde bases neurobiológicas incorporando las emociones.
El uso de imágenes por resonancia magnético funcional (IRMF), los registros de actividad unicelular o los estudios en pacientes con lesiones cerebrales han podido dar pruebas de las asociaciones neuronales, tanto excitatorias como inhibitorias, que se establecen en el cerebro cuando estamos delante de situaciones específicas que exigen de nosotros una respuesta en el momento, por ejemplo, la toma de decisiones.
En la investigación sobre neuroeconomía se han llevado a cabo estudios sobre la base neural de los siguientes aspectos:
-Riesgo e incertidumbre.
-Elección intertemporal (presente frente a futuro).
-Negociación.
-Competencia.
-Altruismo.
Su objetivo es establecer unas sólidas bases neurobiológicas del comportamiento económico. Imágenes por resonancia magnético funcional (RMF), estimulación magnética transcraneal (EMT) y estudios de lesiones (pacientes con lesiones cerebrales) son algunas de las técnicas más utilizadas. Esto revela la estrecha relación que se ha establecido entre la psicología y la economía.
Gracias a los avances obtenidos por las técnicas mencionadas, también se ha estudiado el papel de las diferencias de género en base a la toma de decisiones de tipo financiero. Se ha visto en operaciones bursátiles que la testosterona (hormona masculina) juega un papel fundamental a la hora de asumir riesgos. Los hombres arriesgan muchos más que las mujeres, obteniendo así mayores ganancias.
A pesar del efecto de la testosterona, está claro que no solo ésta interviene, sino que también influye la capacidad e inteligencia de la persona para procesar la información y tomar una decisión lo más ajustada posible.
Además, se sabe que la serotonina (5-HT) es un neurotransmisor que actúa sobre varias regiones del sistema nervioso central. Afecta de forma especial a la amígdala, estructura que forma parte del sistema límbico, implicada en las emociones. La amígdala procesa las reacciones emocionales. Esta estructura provocaría una respuesta más inconsciente, no tan racional y basada en las emociones. Esto, para un operador bursátil, produciría respuestas precipitadas no deseadas.
En base a los resultados encontrados en estudios sobre genética, sería conveniente entonces para evitar el riesgo, incluir más mujeres en la consecución de operaciones del mercado financiero, para así no desencadenar pérdidas que posiblemente se deriven de demasiadas acciones de riesgo. La expresión «si no se arriesga, no se gana» es cierta, pero en su justa medida. Quizá haber estado expuesto al riesgo durante muchos años haya desencadenado la recesión por que la atravesamos actualmente.
A nivel cerebral presentamos dos tipos de reflexión ante una decisión de tipo financiero:
1. Por un lado opera nuestra parte más razonable y lógica, situada en el cortex prefrontal, que nos posibilita aceptar propuestas económicas en la que recibimos cualquier ganancia por pequeña que sea.
2. Por otro lado, se encuentra nuestro cerebro más primitivo y emocional (sistema límbico), que nos hace buscar la justicia, esto es, si algo no nos parece que sea equitativo, buscamos la forma de que lo sea, y si no es así, rechazamos cualquier ganancia que consideremos injusta. El concepto de justicia se encuentra en el núcleo estriado dorsal, asociado al castigo (objeto externo que la persona intenta evitar) y la recompensa (objeto externo que la persona desearía lograr). La noción de justicia además aparece en la ínsula, otra estructura del cerebro relacionada con la experiencia subjetiva emocional.
Habiendo conocido estos dos tipos de razonamientos, es necesario saber que muchas veces, al tomar nuestras decisiones, inconscientemente es el segundo tipo el que se involucra más y el que nos hace decir que muchas veces no sabemos por qué hemos escogido una u otra opción, algo conocido como efecto marco.
Por otra parte, no solo la justicia está implicada, sino también la envidia, la cooperación, el arrepentimiento y el altruismo. Solemos pensar que la envidia y el arrepentimiento son emociones negativas, pero sin embargo, son necesarias en su justa medida para no arriesgar demasiado a veces y otras, arriesgar lo justo.
Esto también se aplica en otros ámbitos como el laboral. Por ejemplo, el rendimiento de un trabajador determinado es significativamente mayor cuado trabaja junto a compañeros que son más capaces que él y significativamente menor cuando trabaja con compañeros que son menos capaces (Brañas, 2011). Estudiar emociones y sentimientos, o cómo nos sentimos cuando entramos en competencia con otras personas y qué acciones decidimos llevar a cabo para conseguir lo que deseamos, también compete a los estudios de la psicología económica.
Asimismo, ser altruistas nos hace integrarnos en el núcleo de una sociedad, nos hace entablar relaciones con otras personas y confiar en ellas. Como ser social, la persona debe decidir continuamente al actuar de cara a los demás si mira por su propio bien o por el bien de los otros.

¿Para qué se aplican estos conocimientos?

Hasta aquí hemos hablado de los últimos avances de la psicología económica. Sin embargo, podemos preguntarnos, ¿Para qué se utiliza? En general, ¿cuáles son las aplicaciones de la psicología económica? Las investigaciones en esta disciplina se centran en intentar conocer lo siguiente:
• Qué determinantes (tanto psicológicos como ambientales) intervienen en la toma de decisiones sobre asuntos financieros.
• El papel que representan en la persona sus propias expectativas de futuro acerca de la situación económica mundial.
• En qué medida intervienen las diferencias de género y lo que ello conlleva, como la asignación de mujeres a diferentes puestos de toma de decisiones de riesgo.
• Qué consecuencias puede tener dentro del mundo laboral la decisión de arriesgar o no en cuanto a inversiones del dinero (pérdida de dinero, inversiones inadecuadas, desempleo derivado a causa de la pérdida de beneficios, etc.).
• Cómo la publicidad influye en el comportamiento del consumidor, ya que las propias decisiones pueden verse influidas por características y variables específicas del marketing que hacen que una persona cambie de opinión, de gustos, de actitudes, etc.
• El estudio del comportamiento de la persona sobre asuntos fiscales. La evasión de impuestos  desde la perspectiva de la psicología económica ha sido estudiado recientemente, pero tan solo se ha publicado un 10% del total de artículos relacionados con la evasión de impuestos (Kirchler, 2007). El 90% de los artículos restantes han sido abordados solo desde la economía, sin tener en cuenta la psicología económica. Esta parcela de estudio se encarga de indagar en  las causas que dan lugar a la economía sumergida, qué características tienen las personas «morosas» y qué las diferencia de aquéllas que sí pagan sus impuestos.
Como vemos, la economía se ha vuelto un campo más experimental a lo largo de todos estos años. Su relación con la psicología ha desembocado en el desarrollo de multitud de aplicaciones en el mundo económico y laboral. La necesidad de investigar sobre este campo ha sido de tal proporción, que en 1976 se fundó la Asociación Internacional para la Investigación en Psicología Económica, a través de la cual se han transmitido los hallazgos encontrados en investigaciones.
Quizá la primera solución para reparar la recesión económica consiste en comprender cómo las personas actuamos, cómo pensamos o qué sentimientos y creencias se ponen en juego a la hora de decidir. Esto no serviría solamente para aplicarlo al campo económico sino a otros muchos relacionados con las empresas del mundo laboral, y por supuesto para nuestro día a día.

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